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Indocentes

Un profesor de Secundaria ha sido decapitado en París. Su clase sobre la libertad de expresión y las viñetas de Mahoma no agradaron a alguna familia, quienes pusieron el grito en el cielo. A ese mismo cielo gritaba su asesino «Dios es grande». El cielo siempre trae problemas. La educación debería ser tal y como la entendía este malogrado docente, una herramienta desinfectante de pensamientos mágicos. Si la escuela abre sus puertas al dogmatismo religioso pervierte esa naturaleza liberadora, crítica y científica que se le presupone. En las aulas se da cabida al integrismo. El católico civilizado, sin cortar cabezas pero siempre vigilante, quien controla contenidos curriculares, azuzando al profesorado más irreverente y  marcando sutilmente las líneas rojas de nuestro sistema educativo. El islámico salvaje que oprime y esclaviza a las mujeres, si bien, dicen, «no todos son iguales». Pues mire usted, a mí la religión islámica me resulta tan sectaria, violenta y puritana como cualquier otra. Y sí, todos son igual de retrógrados, tóxicos, tiranos. 

Si indigna la imbecilidad e indigencia moral del asesino, no menos el dedo acusador de ese padre de una alumna del colegio. Fue promotor de la campaña en redes sociales contra el profesor asesinado. El profesorado sufre familias que apuntan con el dedo moralista, desligitimando la profesionalidad y el ejercicio crítico de la razón, con el beneplácito y complicidad de bastantes directivas sumisas a las órdenes del integrismo familiar. Sigo pensando que hace falta una legislación contundente contra quienes husmean en la labor docente. Ningún iletrado interfiere en el diagnóstico de un médico. ¿Por qué entonces permitirlo en el ámbito de la docencia? Quien transforme el mundo será cuestionado si derriba prejuicios, ideas limitantes, morales impuestas e ideologías opresoras. El miedo atraviesa a muchos docentes. La garantía de supervivencia: convertir la educación en un espacio aséptico, desapasionado, soporífero. Un docente me dijo que nunca se compromete ante su alumnado. ¡Pues vaya faena para la sabiduría! El fascismo o el integrismo de las religiones entra en el aula, ¡sin compromiso! El profesor decapitado, ¿temerario o ejemplar?
La pérdida de este valiente profesor francés apenas ha sido comentada en los centros educativos de nuestro país. Podríamos haberlo paralizado: «los docentes contra el integrismo religioso y familiar». Hay cosas más urgentes, lo sé. La plataforma Aules, las clases en línea, la tutoría… En fin. Tal es la apatía moral e intelectual de nuestros claustros. Objetivo de etapa: «fomentar la ciudadanía crítica» y blablablá. Paradojas de la docencia. Bueno, tanta ignominia permite referirnos a  «indocentes».

https://www.levante-emv.com/opinion/2020/10/31/indocentes-22068793.html

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