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¿Dónde están los hombres?

Sigo pensando que se hace poco. El patriarcado atraviesa el cuerpo, lamenta Charo Altable, pero también el Estado y todas las organizaciones e instituciones: Justicia, Educación, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, etc. No hay que irse muy lejos en el tiempo si uno desea aportar alguna prueba fehaciente. La jauría de Pamplona, por ejemplo. La ausencia de las mujeres en los Premios Nobel, añádase. Y, por referirme a otra de rabiosa actualidad, el chat de la Policía Municipal de Madrid escupiendo estos improperios a Manuela Carmena, su alcaldesa: «zorra», «vieja», «que se muera ya», «vejestorio despreciable», «roja mal parida»… Todas vinculadas a un campo semántico patriarcal: violencia contra la mujer, sin género de dudas; el lenguaje de los machistas que usan la palabra para dañar, herir, humillar, dominar.

Los hombres siguen en deuda con la igualdad porque no están dispuestos a hipotecar su posición dominante y opresora.

Hombres machistas los hay doquier. Diría que, de antemano, la mayoría de varones lo son porque asumen los privilegios intrínsecos a la organización patriarcal. Pocos renuncian a tales ventajas heredadas. Si rompes el pacto supone un coste personal elevado, aunque, afortunadamente, recompensa construir un mundo igualitario. El mejor modo de expandir el feminismo desde la masculinidad radica en conformar espacios y horizontes feministas, igualitarios, educando en una nueva mirada masculina que edifique otras maneras de «ser hombre». Los hombres siguen en deuda con la igualdad porque no están dispuestos a hipotecar su posición dominante y opresora, de ahí el sonoro silencio de la mayoría cuando sus iguales asesinan a mujeres. Nadie mostrará indiferencia ante el terrorismo machista por una simple cuestión de recato, aunque, ¿quiénes lideran el activismo feminista en su cotidianidad? No sé ustedes, pero, en mi círculo personal conozco un puñado de varones feministas. Diría que la mayoría nos conocemos unos a otros. No veo que se signifique nadie. Desde luego, cabe la posibilidad de un feminismo «varonil» encubierto, si bien la práctica como especialista me hace sospechar lo contrario, es decir, que ni están ni se les espera.

Así que sigue aumentando la cifra de mujeres asesinadas en 2017 y no se vislumbra revolución alguna contra la violencia de género. Peor todavía. Hay un estancamiento a pesar de una agenda feminista cargada de actividades que despiertan la conciencia crítica, casi siempre de quienes ya disponen de ésta. El remedio a semejante antinomia consiste en la suma de los hombres a la causa feminista. Sin ese despertar difícilmente erradicaremos la violencia de género. Por desgracia, el camino a recorrer es largo. Cuanto menos, propongo transformar el silencio de los hombres en un grito que reclame otras masculinidades que destruyan la violencia patriarcal.

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