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Carmen Alborch, madrina de las nuevas masculinidades

Octavio Salazar, catedrático de Derecho Constitucional, presentaba anteayer en la Librería Soriano de València su Autorretrato de un macho disidente (Editorial Huso). Un libro «sin género» que retrata su mirada ante el espejo como hombre. Propone  la revolución necesaria a partir de su propia subjetividad: la apuesta por una nueva masculinidad ineludiblemente feminista. Convencido de que «la autoridad se gana en las prácticas cotidianas», Salazar desnuda cuerpo y alma en esta obra para preguntarse cómo se construye la violencia patriarcal: «en el libro apuesto por el gerundio porque no somos algo acabado ni definitivo, es necesaria una identidad masculina que no se construya a partir de la negación de la mujer».

Horas antes de la presentación, Salazar acudía a un seminario del Máster en Derechos Humanos, Democracia y Justicia Internacional de la Facultad de Derecho de la Universitat de València. Allí disertó sobre El hombre que (no) deberíamos ser (Planeta), analizando el patriarcado en la estructura  social: «hay dos principios que permiten el patriarcado, silenciar a las mujeres y el silencio cómplice propio de una situación de privilegio de los varones». Propuso una revolución de hombres que impulsen otros referentes y modelos con un axioma irrenunciable: «el feminismo es sinónimo de emancipación».

Autorretrato de un macho disidente contó como madrina de excepción con la pensadora Carmen Alborch, maestra feminista y alumna aventajada de Celia Amorós. Alborch lamentaba que «se trabaja muchos años por la igualdad, como, por ejemplo, desde la Asociación por la Coeducación, pero da la impresión de que no obtenemos los logros que deseamos». Con todo, la autora de Los placeres de la edad  apuesta siempre por el optimismo: «hay que convocar a la gente para la alegría». En la línea de Salazar, Alborch afirmó que no podemos construir una nueva era desde la violencia y la desigualdad: «necesitamos hombres cómplices feministas». La exministra  dialogó con Salazar y el público sin dejar de elogiar su reciente obra, subrayada y con anotaciones al margen como la lectora empedernida que se considera. Alborch aprovechó el acto para compartir su pasión sin límites por la lectura, a la que entrega la mayoría de su tiempo en su apretada agenda cultural.

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