dolors montserrat
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¿Dónde está la ministra de Igualdad?

Fue uno de los gritos feministas el pasado 16 de mayo en la concentración por el incumplimiento del Pacto de Estado contra la violencia de género: «¿Dónde está la ministra de Igualdad?». El proyecto de presupuestos incluía 200 millones de euros, pero, como a la derecha estos asuntos de las trae al pairo, reducen 120 y si te he visto no me acuerdo. Nada se sabe de una tal Dolors Montserrat, ministra de muchas cosas y maestra de nada, enemiga de las etiquetas: «ser feminista es una etiqueta y no me gustan las etiquetas», barruntó el 8-M justificando así su no huelga en un día que ya es histórico. Huelga decir que toda ministra y de derechas –del Partido Popular, por más señas– conduce a un retroceso en igualdades, libertades y derechos proporcional al de todo ministro de derechas. Es la única igualdad posible tratándose de la derecha, a saber: destruyen y oprimen por igual, hombres y mujeres; se ríen y roban por igual, mujeres y hombres; gobiernan para las clases privilegiadas, hombres y mujeres; odian y hostigan por igual, mujeres y hombres de la derecha.

La intachable ejemplaridad pública de Alborch se plasma en una vida entregada al feminismo, la igualdad, la cultura y la política a costa, supongo, de no pocas renuncias personales.

Preguntándose por la pasmosa invisibilidad de esta ministra de Igualdad, de quien nada sabemos excepto cuando suelta algún exabrupto, uno se planeta si somos conscientes de la genealogía del Ministerio de Igualdad. Sólo encontramos en el socialismo evidencias científicas de personas preocupadas por la igualdad y la lucha contra la violencia de género. Si dejamos de lado algunos nombres de varones –por citar a mujeres empoderadas, sabias y a las que, sin ministerio de Igualdad necesariamente, combatieron las injusticias de género– aparecen históricas socialistas como Carmen Calvo, Cristina Alberdi, Rosa Conde, M. Teresa Fernández de la Vega, Cristina Narbona y la desaparecida Carme Chacón. Mención aparte y bien merecida para nuestra querida Carmen Alborch, «muy nuestra» pues, como le dijo una estudiante en una conferencia, «siempre está combatiendo las injusticias y desigualdades a pie de calle, como una activista más». La intachable ejemplaridad pública de Alborch se plasma en una vida entregada al feminismo, la igualdad, la cultura y la política a costa, supongo, de no pocas renuncias personales. Referentes en igualdad, ¿cómo no?

La actual ministra de Igualdad no está y punto. ¿A quién sorprende? Sólo cabe una solución: pedagogía del voto. El asunto se pone serio a un año de las elecciones. La gente debe aprender a entender que no todas las políticas son iguales. Y a las pruebas me remito. ¿Qué mujeres u hombres del Partido Popular han aportado un ápice de igualdad a nuestra sociedad democrática? ¿Quién se atreve a citar al menos uno o dos y con evidencias científicas? No podemos permitirnos el lujo de maltratar a nuestra democracia entregándola a esta panda de indeseables. Por eso hay que meditar seriamente. Permítanme un consejo. Relean la retahíla de nombres propios de este artículo dejando de lado a la ministra felizmente antifeminista, busquen, comparen y si encuentran algo mejor, háganlo saber. La historia de la Igualdad tiene nombres propios. Deben conocerlas. Deben estimarlas. Deben respetarlas. Y deben votarlas. Así evitaremos entonar de nuevo este triste cántico de la manifestación: «¿Dónde está la ministra de Igualdad?»

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