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Despedidas ¿consentidas?

No sé si seré el único a quien molestan. El caso es que las charangas me parecen pura zafiedad, una intromisión en el honor y en la quietud de tu casa. Se sabe quién las contrata: todo quisqui. Hoy proliferan charangas en bodas, aniversarios y las malditas despedidas de soltero o soltera. No me consta en los sepelios, pero tiempo al tiempo. El capitalismo globaliza las gilipolleces, no el amor, la justicia o la riqueza. Si adjetivo las despedidas de soltero –o soltera– es porque generan una cuota de ruido insoportable. Son de algún modo la fuente de riqueza de las charangas por esta bobería de la gente dispuesta a casarse so pretexto de armar la marimorena. ¿No es posible una boda silenciosa? ¿Es necesaria tanta fiesta de despedida? Si ya tenemos vagones del silencio, ¿qué nos cuesta reclamar un poco de sentido común en el espacio público? ¿Cómo entender que uno pare de leer, escribir o conversar cuando pasa una charanga alrededor de tu casa? ¡Maldita sea!

No sé el resto del mundo qué pensará –tampoco es que me importe ni su criterio ni el mundo, pero ésta es otra batalla– el caso es que a mí, desde luego, tanto ruido estúpido nunca me deja indiferente.

Me he tomado la molestia de navegar en la web de una charanga de poca monta (¿cuál no lo es?). Se anuncian bajo el eslogan «nadie quedará indiferente». ¡Mira si lo saben! Pues llevan razón. No sé el resto del mundo qué pensará –tampoco es que me importe ni su criterio ni el mundo, pero ésta es otra batalla– el caso es que a mí, desde luego, tanto ruido estúpido nunca me deja indiferente. De lo más significativo resulta el sonoro silencio administrativo, pues, ¿qué ocurre con los ayuntamientos y la policía local? ¿Nadie piensa multar, prohibir o simplemente legislar? Siempre la misma historia: las tradiciones populares se lubrican con la connivencia institucional. Por tanto, la proclama parece evidente: el civismo tiene límites, marcados por la barbarie tradicional. En tanto que se trata de una despedida de soltero –o soltera– y el común de los mortales asiste al boato y los bodorrios, permítasenos una «excepción». Todo un paripé pues de ningún modo se trata de una nota marginal. Hay despedidas todos los fines de semana, sin excepción. Y se suman a la causa del eslogan mencionado: «nadie quedará indiferente». Todas y todos quieren que su «despedimiento» sea único, algo sólo posible con estruendo, alboroto y tamborrada.

Por si fuera poco, los miembros de las charangas prescinden de las «miembras». Las charangas se nutren del macho cabrío, el hombre ibérico del serial de Félix Rodríguez de la Fuente. Que las mujeres no formen parte de este atentado contra el silencio, de esta contaminación acústica sin parangón, demuestra su superioridad intelectual, moral y psicológica. Me planteo si las charangas no son otro brazo ejecutor del patriarcado, tan dispuesto a jodernos la existencia a quienes luchamos por un mundo igualitario y ecofeminista. Tomen nota quienes nos gobiernan y a ver si regulan –o mejor, fulminan– estas malditas despedidas, ¿consentidas?

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