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Gràcies, Dones Progressistes!

La Federació de Dones Progressistes de la Comunitat Valenciana celebró el miércoles su vigésima séptima edición de premios, más de 140 premiadas hasta hoy que, con su activismo y ejemplaridad pública, contribuyen a la igualdad. El Ateneo Mercantil, lleno hasta la bandera, como cada edición, se convirtió en un solemne encuentro repleto de mujeres históricas en la genealogía feminista. Es imposible mencionarlas a todas, pero, siguiendo mi precaria memoria, allí estaban Asun Ventura, M.ª Luisa Moltó, Rosa Solbes, Marina Calatayud, Concha Gisbert, Teresa Yeves, Quiti Blat, Encarna Signes, Amparo Mañes, Ana Sánchez Torres –mi maestra en Epistemologías radicales, discípulay traductora de Edgar Morin–, Dolors López, Gusi Bertomeu, Cristina Llorens, Marina Gilabert de Clásicas y Modernas… En la primera fila no podía faltar nuestra Carmen Alborch. Las maestras siempre quedan y están, aunque sea, como es el caso, con la metáfora de su espacio habitual y un ramo de flores tan alegre y colorido como su persona.

Contundente fue el discurso de Amàlia Alba, presidenta de Dones Progressistes, quien, tomando el referente «lo personal es político», reivindicó el voto progresista y feminista contra «los discursos de la extrema derecha». Alba recordó las deudas pendientes de la agenda feminista y animó al presidente de la Generalitat,  Ximo Puig, en primera fila, a gobernar contra la esclavitud sexual que supone la prostitución, contra los vientres de alquiler y contra toda desigualdad de género. Amelia Tiganus es una de las premiadas en esta edición, activista en defensa de las mujeres víctimas del sistema prostitucional: «fui una muerta en vida y todavía me estoy recomponiendo de la esclavitud sexual a la que fue sometida». Impecable, reivindicó el «pensar» como un acto de «rebeldía»: «muchas de mis hermanas murieron, nadie aquí presente podrá entender lo que supone la soledad de una puta, pero pude salir adelante porque conseguí pensar y situarme en el mundo». Al terminar su intervención, nos pusimos en pie todo el auditorio. Tiganus vive con la maleta a cuestas, llegó de Logroño y, según me dijo, casi nunca pisa su casa dispuesta a concienciar a la gente de que la prostitución nunca será un trabajo, sino esclavitud. Ya saben: conceptualizar es politizar, recuerda la maestra Celia Amorós. 

El colectivo intergeneracional de fotoperiodistas «Les Beatrius» también recibió la merecida distinción por su contribución a movilizar la huelga del 8M dentro del movimiento estatal «Las periodistas paramos». Mavi Mestre, la primera rectora en 520 años de historia de la Universitat de València, fue la tercera premiada. Como recordó el presidente Puig, «es toda una anomalía, sin duda, que la universidad tarde más de quinientos años en tener una rectora». Dejó caer con gracia que la universidad es una institución «compleja», algo que levantó risas entre el público. El último premiado fue quien esto firma. Quiero mostrar mi gratitud y mi estima a Dones Progressistes, tanto a Amàlia Alba, su presidenta, como a Julia Sevilla, quien me entregó el premio,  presentándome de una manera profundamente generosa. El feminismo, insisto, es pura generosidad. ¡Me quedo con lo de «bonico», Julia! Si algo me anima a seguir trabajando en la defensa de una masculinidad feminista, igualitaria y disidente, es el aprendizaje de maestras como ella. Tarea dura esta la de enseñar en institutos, ayuntamientos, centros de reinserción, claustros, CEFIRE… No están los hombres y esto es un síntoma de indigencia moral. Menos mal que las mujeres feministas no se amedrentan. Seré su cómplice hasta el último aliento de mi vida. Lo dije y lo firmo aquí. Dones progressistes, gràcies i vos estime!

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