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Cercanías, lejanías

El marxismo es un método analítico de la realidad. Aporta rigor, crítica y certeza a su comprensión. Ahí radica la diferencia entre opinar espontáneamente, cual marisabidillo, o hacerlo desde la conciencia de clase. Como usuario de cercanías Renfe desde 1998 he sido crítico con su pésimo servicio diario. Tengo muy claro a quién atribuirle la decadencia en el servicio de transporte público de nuestro país. No parece el caso de Gómez Tejedor, autor de «Volver al cercanías» (Levante-EMV, 02/9/2020). Lamenta la impuntualidad, supresión de trenes y el abarrotamiento diario. Retrata una retahíla de situaciones hiperbólicas y supuestamente dramáticas  sin plantear la cuestión de fondo, a saber: ¿por qué y desde cuándo?

La división social de clases marxista aporta datos valiosos. El transporte público cuenta en su inmensa mayoría con usuarios proletarios, esa supuesta «clase media» en la que todo cabe: limpiadoras, operadoras, estudiantes, funcionarios, ciudadanía en general. Millones de personas empleamos ese transporte público precario, a menudo por criterio económico (si bien resulta caro comparado con otros países). Luego llega la concretud y el delirio. Uno puede viajar en tren hasta Tavernes de la Valldigna, sirva de ejemplo, pero no dispone de ningún medio público para desplazarse desde la estación hasta la lejana población. ¿Qué sentido tiene pues el cercanías? Sentido o sinsentido aparte, el servicio de proximidad en el transporte público queda estancado en 1995, inicio de la era de la degradación moral, económica y social de nuestra comunidad autónoma. Dos décadas de maltrato a la ciudadanía proletaria, a la clase obrera, auspiciado por una derecha burguesa cargada de intereses privados. A las pruebas me remito. Es más sencillo, práctico y eficaz viajar desde València hasta Madrid, en el mismo día, que realizar el trayecto Gandia-València. Así lo ha conseguido una derecha cínica que centró los recursos públicos en beneficio de la burguesía, la privatización de la cosa pública y los intereses de la élite privilegiada. 

Atribuir a la política progresista tal desaguisado representa un pensamiento infame. La alternativa apunta a regenerar el transporte público ferroviario en detrimento de las líneas de larga distancia, necesarias pero muy insuficientes. La clase obrera necesita una buena red de transporte público en general, aunque sea, como en tantas ocasiones, para seguir explotada por el Capital. El obrero, la obrera, invierte mucho tiempo de su vida en ese recorrido cotidiano que le da un mísero salario para subsistir. El aburguesado empresario va y viene a Madrid, come a la carta, fuma un habano y engrandece el látigo atizador. Sin conciencia de clase no hay paraíso. Es una cuestión de cercanías y lejanías. Algunos deliran cuando demonizan a la izquierda progresista. Me planteo a quién votaron esos que hoy se quejan de un transporte público lamentable. Su alternativa más coherente sería viajar a diario en el AVE. A fin de cuentas eso decidieron con su voto de la vergüenza.

https://www.levante-emv.com/opinion/2020/09/06/cercanias-lejanias/2049219.html

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