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A pie de aula

Ya estamos a pie de aula y nada ha sido en principio tan catastrófico. En el sistema educativo, rígido y carcelario por definición, se puede aumentar la dosis disciplinaria sin perturbar el orden de ningún elemento. A fin de cuentas se trata de un «sistema», no un «antisistema». El reducto positivo de la escuela es la socialización, valiosa, necesaria, aunque extraña en un contexto de distancia física a veces  -por fortuna- impracticable. Otra educación es posible si bien nunca imaginábamos el retorno de la enseñanza setentera. ¡El pasado siempre vuelve! Los cambios producidos en la enseñanza supusieron mucho tiempo de debate, pedagogía, disputa y reformas sobre reformas legislativas. Me pregunto si esta atípica nueva normalidad educativa llega para quedarse, o quién sabe, quizá se naturalice normativamente mientras los eruditos plantean reformas educativas «revolucionarias». Nunca las hubo más allá de literatura o ensoñación administrativa, excepto en P. Freire, C. Freinet , A. S. Neill o F. Tonucci. Muy citados, desde luego, entre docentes discretamente progres. En las aulas escasean los revolucionarios. (Nótese en la inexistencia de huelgas de este gremio aburguesado)

Si acaso me leyera alguien con voz y voto en la Conselleria d’Educació, propongo una alternativa que permite reducir riesgo de contagio en los centros educativos. En estas mismas páginas de Levante-EMV la propuse años ha. La propuesta es sacrificar la jornada lectiva, la carga de trabajo, la educación a distancia y presencial, en aras de la vida. Desvincular, en definitiva, el parentesco entre la jornada laboral y la escolar. Si los espacios cerrados aumentan el riesgo de contagio, si el alumnado necesita socializar y aprender en comunidad, si la escuela equilibra las desigualdades, ¿qué relevancia tiene el presentismo escolar? La calidad educativa no se mide por las horas de presencialidad en los centros, sino por el tiempo de calidad. Un debate pendiente desde la prehistoria pedagógica. Parece que la escuela suple las carencias del Estado de bienestar, facilita la precariedad laboral de progenitores, reduce la exigencia moral de una conciliación familiar radical, cosa poco gratificante. ¿Y si la escuela se convirtiera en un lugar de empatía, concordia, diversión y creatividad? 

Tomaré una simple muestra de la escuela carcelaria con pandemia o sin ésta. Si el espacio libre es más beneficioso y seguro, ¿por qué no se aumenta el tiempo de patio? O duplicar el recreo y descanso. Podríamos proponer 45 minutos de tiempo libre, por ejemplo. ¿Sería mucho pedir una hora? ¿O dos patios de 45 minutos? En mi tiempo mozo y feliz como estudiante en el IES Joan Fuster de Sueca las puertas del centro permanecían abiertas. No consta ninguna tragedia humana. Si tanta importancia tiene el aire libre, ¿desencaja  demasiado una escuela sin cadenas? Alguno justificará la represión carcelaria con la temida minoría de edad del alumnado. Más temeraria me parece la falta de mayoría de edad de los docentes. La negación de libertad en los centros educativos representa una sociedad enfermiza que desconfía del capital humano. Educar para la esclavitud y no la ciudadanía. Propongo una educación en libertad y para la vida. Y lo hago a pie de aula, no desde un refrigerado despacho de la Conselleria.

https://www.levante-emv.com/opinion/2020/09/25/pie-aula-14104697.html

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