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El porno en las aulas

No sé si sabrán que la violencia sexual se cuela a diario en la escuela. Los libros y lápices como simulacro en un sistema educativo que mira a otro lado de la realidad. El profesorado sigue la lógica imperialista de la pizarra, los exámenes y temarios pantagruélicos. Los chicos, sentados en sus pupitres cavernarios, consumen pornografía. El móvil deviene la prótesis de un cerebro habituado a normalizar violencias contra las mujeres a través de fake news, memes, foros, imágenes y  tik toks. El capitalismo reproduce aquella idea roussoniana de «las mujeres hacen la vida fácil y agradable a los hombres». La ideología machista atraviesa los cuerpos, pues, quien realmente (des)educa en la escuela, es el patriarcado.

Las evidencias científicas alertan del consumo de pornografía a partir de los nueve años. Si esto es así, ¿por qué nadie, ni siquiera las instituciones, reacciona ante esta violencia patriarcal? La escuela debe dar respuesta a los problemas de la vida cotidiana, entendiéndose como un antioxidante que se aplica desde la trinchera. De nada sirve una titulación académica cuando el neoliberalismo se incorpora a nuestra cotidianidad. Sin ciudadanía aparece la tiranía, el esclavismo, la servidumbre, la explotación, el capital. La industria pornográfica se apropia de la educación afectivo-sexual, conocedora de las deficiencias de un sistema cuya gran rémora consiste en eso, en saberse sistema. Sólo hay una alternativa posible, a saber: desterrar el franquismo mental, moral y pedagógico de nuestras aulas convirtiéndolas en un espacio de aprendizaje afectivo-sexual igualitario, humanizado, feminista. Educar contra la pornografía y por una educación abolicionista requiere de profesionalidad y compromiso ético. ¿Nos importa construir personas que disfruten del amor bien entendido, sin romanticismo, así como del sexo, sin puritanismo ni falocentrismo? Sexo sin tabús ni prejuicios, para todas y todos, desde la tierna infancia. 

Por ahora he tenido la gran fortuna de que el CEIP Juan Antonio Martínez Torres de Aldaia (València) se comprometa con esta lucha contra el patriarcado sexual. Para tal fin impartimos recientemente un taller contra la pornografía en 6º de Educación Primaria. La concejalía de Igualdad del Ayuntamiento de Aldaia apostó sin temor por un proyecto que desmonta todos los mitos pornográficos. Se trata de bajar a esas cloacas en las que nuestros chicos «aprenden» sexo, desenmascararlas y, por consiguiente, destruirlas/combatirlas. Todo un ejercicio de reciclaje afectivo-sexual para «despatriarcalizar» ese imaginario machista y misógino impuesto por el neoliberalismo capitalista. Cuando hablas de tú a tú sobre cultura pornográfica compruebas que los chicos son víctimas de la violencia de un sistema que despersonaliza y deshumaniza a las mujeres. El porno llega a las aulas para quedarse. ¿Estamos dispuestas a combatirlo?

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