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Mujeres invisibilizadas

El 8M ha sido un motivo para dar nombres de referentes femeninos en las aulas de los centros educativos. Nos faltan filósofas, escritoras, científicas, informáticas y deportistas, entre otras, a resultas de la misoginia patriarcal, nunca por falta de talento entre las mujeres. Escuelas e institutos de secundaria recuperan nombres «ausentes» en los manuales, ejercicio feminista muy pertinente si buscamos generaciones de chicas henchidas de autoestima y dispuestas a merendarse el patriarcado. Se usa a menudo el término «empoderar» pero yo evito mentarlo en clase pues da la impresión que todo empodera, encontrándome alumnas supuestamente «feministas» que defienden la prostitución –como si la esclavitud sexual resultara empoderante– o la autocosificacón –apelan, según parece, a la libre elección de hacer aquello que les venga en gana, aunque fuere defender esencias femeninas de tacones y brilli brilli. El discurso feminista empanado de unicornios ha calado entre profesorado y buena parte del alumnado asiduo a influencers, tiktokers y otras sandeces. 

Sigo con preocupación el declive en torno a la defensa de la conciencia de clase. A mí no me basta con mujeres «empoderadas» tipo Marie Curie, sino que imploro urgentemente otros referentes femeninos. Me refiero a las mujeres limpiadoras, sea el caso de las Kellys, o Emma Goldman, una de las anarquistas más «peligrosas» para EEUU, o la unión en 1919 de sastras y modistas suecanas, reivindicando al ayuntamiento mejoras laborales mediante la fuerza del Sindicato de Obreras Católicas. Pedían cobrar las horas extra y librar un día a la semana, el domingo, para dignificar, en definitiva, sus jornadas de trabajo esclavistas. Pienso en las primeras universitarias, muchas anónimas y olvidadas en sus localidades. En Tavernes de la Valldigna (València) presentaron recientemente un impresionante mural de mujeres referentes, destacando a su paisana Joaquina Mifsud Martí, pionera en cursar estudios científicos en la Universitat de València en el curso 1934-1935… ¡Graduándose en mitad de una guerra! [Felicitar a Noelia Alberola, concejala de Igualdad, quien, además, ha convertido este mural en guía didáctica para jóvenes]
Comprometerse con las mujeres supone situarse más allá de nuestras «maestras». Comprometerse también es tratar humana y dignamente a las trabajadoras precarias, darles visibilidad, pagarlas como merecen. Situarlas en el centro de colegios e institutos, darles valor y protagonismo, narrar sus luchas, las condiciones indignas derivadas del sistema patriarcal y capitalista que las mata a diario. Eso también supone comprometerse. Señalar asimismo a quienes se aprovechan –hombres y mujeres indistintamente– de su condición social oprimida, porque, sin conciencia de clase, el feminismo deviene mera retórica de salón. Las mujeres tienen historias de aquí o de allá, de donde sean, pero no me sirve ocultarlas cuando se trata de «simples» trabajadoras anónimas. Convendría escribir una obra de tantos referentes femeninos ocultados en «nuestros» libros, sostenidos con fondos públicos, difundidos en centros educativos y medios de comunicación pero incapaces de recuperar la lucha de clases. Con todo, ¿quién vindicará a esas mujeres –en abundancia– olvidadas por otras mujeres sin conciencia de clase y no digamos por los hombres, sin conciencia de clase, además de machistas y negacionistas? Recuérdese la lección: los referentes de mujeres luchadoras se encuentran en la proximidad. Incluso cuando ni las miramos a los ojos.

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