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Quiero una caseta en Fitur

En los últimos días hemos recibido noticias de Fitur, ese mercado gourmet en el que los políticos —la mayoría, hombres— promocionan en una caseta —stand, dicen, pues el anglicismo luce mejor— las virtudes, paisajes, gastronomía, fiestas o cultura de su localidad. Buscan atraer turismo en masa y, acto seguido, sueltan ocurrencias como que les preocupan el cambio climático, la sequía o la contaminación. En su versión más sofisticada, algunos mandatarios profieren exabruptos como «desarrollo sostenible», «Agenda 2030» o «ciudades inteligentes», entre otros disparates. Maquillan —o eso creen— su política capitalista.

Todos creen en el dios mercado; por eso viajan felices y libres a Madrid —comunismo o libertad—. Plañen, si se tercia, por un puñado de visitantes y compiten con otras ciudades porque la suya, como es lógico, ofrece más y mejor. Puro capitalismo salvaje: competitividad, mercadería, rivalidad. ¡Farsa!

En la última edición, el alcalde de Cullera presentó un hotel «holístico» de lujo: todo un despropósito ornamentado con palabros como «eficiencia energética» o «concepción bioclimática». Como si Jordi Mayor fuera discípulo directo de Greta Thunberg, sostenía una encendida defensa de la «sostenibilidad» y el «respeto a la naturaleza». No sin antes repartir «paella para todos y todas» entre un fervor popular de garrafón que recuerda al mundo maravilloso —y nada hortera— de Joan Monleón.

A estos trajeados embajadores de vanidades solo les importa explotar su ciudad, no promocionarla. Viva la clotxina de Monleón y muera la imagen capitalista del turismo, portadora de hordas de extranjeros ruidosos y malolientes. Esos que nos expulsan del hogar, que maltratan a la clase obrera, indiferentes y siempre cómplices de nuestras precarias condiciones laborales. ¿Para qué los queremos?

Soy el primer ciudadano que abanderó en estas páginas, años ha, la turismofobia. Aborrezco el turismo y a quienes mercadean con mi barrio, mi entorno, mi naturaleza. ¡Que se vayan al carajo!

Si supiera que estos políticos leen —cosa improbable—, les recomendaría a Carlos Taibo, Antonio Turiel, Jorge Riechmann, Juan Bordera, Fernando Valladares, Alicia Puleo, Yayo Herrero o Victoria Aragón. Hágalo usted, lectora o lector. Hágalo para evitar que se rían en nuestra cara. Infórmese sobre la perspectiva decrecentista —por ejemplo, Carlos Taibo: Decrecimiento. Una propuesta razonada (Alianza)—. O profundice en el colapso de un sistema —el nuestro, capitalista— que no da más de sí: Colapso. Capitalismo terminal, transición ecosocial, ecofascismo (Catarata).

La alternativa a un mundo sostenible, justo, humano, anticapitalista y basado en el apoyo mutuo nunca la encontraremos en Fitur, sino en quienes nos animan a construir un mundo mejor sin esa maldita peste conocida como turismo. Lo hacen desde el rigor científico, académico y el más hondo sentido crítico de la realidad. Para difundirlo quiero una caseta en Fitur.

https://www.levante-emv.com/opinion/2026/01/28/quiero-caseta-fitur-126092497.html


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