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Ejemplaridad pública en Alberic

Hay que visibilizar –y celebrar– toda acción que reforme la injusticia. Y justo eso es lo que hizo espontáneamente Toño Carratalá, alcalde de Alberic, cuando se interpuso y detuvo una agresión machista en plena calle. Compromiso cívico en el espacio público, ¡cuánta falta nos hace! Levante-EMV Ribera publicó la noticia en portada el pasado martes –espléndida forma de celebrar su encomiable acción– y yo quisiera recordar la necesidad de dar voz a estas noticias por una simple razón: siempre ofrecemos un ejemplo positivo o negativo con nuestro cuerpo, factor influyente en la socialización de la ciudadanía. De ahí que el filósofo Javier Gomá formule un interesante imperativo de la ejemplaridad: «que tu ejemplo produzca en los demás una influencia civilizadora». La ejemplaridad no permite morales farisaicas: ni apatía moral, ni doble moral, ni cinismo moral… 

«que tu ejemplo produzca en los demás una influencia civilizadora»

Javier Gomá

Es cierto que hay un mayor compromiso contra la violencia de género, como también aumenta la confusión institucional y ciudadana sobre éste. He visto perplejo talleres y cursos de dudosa eficacia y nulo rigor científico. En la educación sigo viendo desgana. Y en las familias montañas de falsas creencias y enorme desinformación. No podemos normalizar ni naturalizar la violencia en ningún contexto. Señalemos sin temor a quien maltrata y ejercita la violencia. Pero demos protagonismo a quien se posiciona y se compromete en erradicarla. A menudo el mensaje social –y familiar– apunta en otra dirección: «no te metas si se pelean», «ni te acerques cuando haya lío» o antaño «no te metas en asuntos privados». En contra de este discurso vacío de ética, carente de compromiso y protesta, propongo un «si ves algo haz algo». La indiferencia deviene complicidad. Parece más evidente cuando se trata de alumnado: pedimos que denuncien al acosador, a quien se burla y maltrata, e incluso decimos – y con razón–  que delatarlo es valentía y no cobardía. Una lección difícil de cuajar entre los estudiantes, pero necesaria si deseamos erradicar la violencia en las aulas. Con todo, el profesorado se equivoca en una cuestión: prestamos demasiada atención y energía al saboteador, a quien busca su afirmación en el desafío, mientras pasan desapercibidas alumnas y alumnos magníficos, ricos emocional e intelectualmente, pero silenciados y opacados por el chulo de turno. De la misma manera nos inundan con mensajes tóxicos, gente sucia, mísera, ruin, sin darle presencia y valor a quienes dignifican la humanidad y aportan igualdad en el mundo de la vida. ¡A estas personas conviene proyectarlas como referentes a seguir!

En la sociedad se jalea demasiado al temerario, al matón, al desafiante, al aguerrido.

Ante la violencia hay que posicionarse e intervenir. En la sociedad se jalea demasiado al temerario, al matón, al desafiante, al aguerrido. Predomina una cultura de la violencia patriarcal en donde los hombres se consideran el centro del universo y en la que se ridiculiza la ternura, el compromiso, la cooperación y el pacifismo. Sea en la prensa, el instituto o televisión, urge una sociedad repleta de hombres cargados de ejemplaridad pública con el fin de que surjan masculinidades disidentes o alternativas, contrarias a la masculinidad hegemónica. Hombres sin miedo a expresar sus miedos, que no son valientes ni heroicos, sino simplemente hombres igualitarios cargados de ejemplaridad para otros. Que se les conozca en las aulas y en los medios, pues de tal modo socializan a nuestra juventud mediante referentes positivos, apetecibles y dignos de tener en cuenta. Y dejemos ya de una vez en los márgenes a esas bestias que potencian la vulgaridad, la indecencia y la violencia. La violencia de género –como el acoso escolar– es cosa fuertemente arraigada entre los hombres. Apostemos por la ejemplaridad pública. Es el camino necesario. 

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