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Hombres sin apellidos socialistas

Las recientes denuncias de acoso sexual contra cargos políticos socialistas ha desatado una oleada de voces interesadas en dañar la imagen de mujeres feministas con nombres y apellidos –como el de Pilar Bernabé– porque, de entre los más feroces discursos reaccionarios, a ninguno le importan ni las mujeres, ni el feminismo, ni la violencia patriarcal. Si la decencia fuera un valor de la derecha –o la ética, o la dignidad, o la inteligencia– evitaría tantas declaraciones bochornosas e hilarantes; sonroja que pidan la dimisión de la delegada del Gobierno, una mujer referente en el feminismo socialista y cuyo discurso siempre fue –y sigue– poderoso, conceptualmente impecable, enérgico y lúcido. No olvidemos a la diputada Rosa Peris, toda una vida dejándose la piel en defensa del abolicionismo y de los derechos de la mujer, especialmente las vulnerables. Las feministas socialistas luchan por un mundo en igualdad entre hombres y mujeres, articulan un brillante discurso teórico y práctico a través de políticas públicas. La derecha nunca se ha situado contra el patriarcado ni en la defensa de los derechos de las mujeres. Cuando gobiernan, como ahora sufrimos, dinamitan el legado recibido. Y siguen, por presión social, en el Pacto de Estado contra la Violencia de Género, aunque, en la práctica, desconocemos si les importa el terrorismo machista. Su inacción les define. Se apellidan negacionistas.

El acoso sexual es propio y exclusivo de hombres. Sí, no todos, aunque siempre hombres. Socialistas, comunistas, sindicalistas o de derechas. Hombres: médicos, profesores, albañiles, policías, periodistas… El binomio hombre-poder no entiende de clase social, ideología, estatus o nivel económico, de ahí que la violencia contra niñas y mujeres opere siempre desde la categoría sexo masculino. La violencia la ejerce el hombre, sin apellidos, pues, en contra de algunos discursos negacionistas, sí tiene género. Partidos políticos, asociaciones, familias, empresas, nadie debería «presumir» de espacio libre de violencia contra las mujeres porque eso no existe. Allá donde nos encontremos los hombres se ejerce violencia. Esto exige un posicionamiento crítico y contundente nuestro. ¿Qué pensamos de todo esto los hombres? ¿Seguimos escondidos en el silencio cómplice, poniéndonos de perfil, aferrados al pusilánime «no todos los hombres»?

El presidente de la Generalitat, Pérez Llorca, considera que el acoso es un problema generalizado en el Partido Socialista. Unas declaraciones ridículas en las que se refleja su incapacidad intelectual. Presidente, si hay algo generalizado es el patriarcado y la violencia ejercida por los hombres, también presente en su partido y en cualquier espacio del planeta. Todo un ejemplo de hombre desubicado. Pero, ¿y qué decir del silencio de tantos hombres socialistas? A mí me resulta incómodo, inaceptable. Uno ya no sabe si es mejor que callen o que hablen. El silencio compromete, posiciona, define. Esa no es una actitud exclusiva entre varones socialistas sino entre los hombres en general. De ahí que el trasfondo de cada violencia ejercida contra niñas y mujeres no sea asunto de apellidos socialistas o no, sino de un sujeto y sexo claramente identificable: el hombre.

https://www.levante-emv.com/opinion/2025/12/19/hombres-apellidos-socialistas-124923780.html

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