Un Decreto de Convivencia autoritario (1)
La Conselleria d’Educació entiende la «convivencia» como «un paraguas con una amplitud suficiente para que toda la comunidad educativa sea protegida». En el marco de la presentación de su «viejuno» Decreto de Convivencia, celebra un «marco integral para crear entornos escolares seguros, inclusivos y respetuosos». Sin embargo, las 27 páginas de este decreto borran casi de un plumazo la igualdad entre hombres y mujeres: el concepto desaparece incluso del título, anteriormente Decreto de Igualdad y Convivencia. Apenas se menciona, y con cierta desgana, la coeducación y la discriminación por razón de sexo.
Las referencias a la «violencia», así, en abstracto, me hacen suponer que se olvida la más cotidiana: el sexismo, una violencia que sufren a diario las niñas y las chicas. En palabras de la maestra Amparo Tomé, «el sexismo nunca es considerado un problema educativo. La escuela se autodefine y es definida como institución igualitaria, ya que niñas y niños van a los mismos centros e incluso las niñas sacan mejores notas». El decreto entrará en vigor el 7 de enero de 2026; me preocupa y me apena la desprotección de las alumnas. El insípido documento olvida —no sé si de manera interesada— la violencia estructural que sufren niñas y mujeres. Lleva razón la Conselleria d’Educació, eso sí, al considerarlo un decreto-paraguas, pues, entre tanta amplitud, integración e «inclusivismo», desatiende a la mitad de la humanidad: las mujeres.
El decreto concibe la violencia como un todo genérico, sin sujeto. ¿Por qué no se especifica ni se conceptualiza la violencia contra el sexo femenino si asegura «proteger» a toda la comunidad educativa? ¿Cómo actuará un centro educativo cuando un chico sexualice a una compañera o a una profesora? ¿Pesan igual todas las faltas de respeto al profesorado? ¿Es lo mismo dirigirse a una docente con desdén que insultarla con un «mal follada»? ¿Cómo se resuelve el machismo o la misoginia cotidianos? ¿Y la violencia digital?
Detrás de una supuesta fusión administrativa opera una declaración de intenciones política con graves consecuencias: la amalgama que supone el paraguas «convivencia» silencia violencias cotidianas que sufren las alumnas en el aula y, en consonancia, favorece este tipo de actitudes patriarcales, fácilmente detectables desde una mirada feminista o coeducativa. Sin embargo, al desaparecer la coeducación como herramienta crítica fundamental, difícilmente lograremos dotar de contenido y visibilidad a comportamientos masculinistas que se reproducen a diario, de forma reiterada, en los centros educativos, y que sufre desde siempre el sexo femenino.
Esa disolución de la igualdad permite no abordarla de manera directa, específica, técnica y comprometida. El decreto, por si fuera poco, se centra en la conducta observable, en aquello visible y disruptivo. Propone sanciones y medidas correctoras sin explorar las causas profundas; en otra entrega me referiré a ese «procedimiento conciliador» concedido por gracia desde la dirección del centro. La inexistencia de una pedagogía restaurativa y de una reparación comunitaria me parece un ejercicio de desprotección absoluta hacia niñas, niños y jóvenes.
https://www.levante-emv.com/opinion/2025/12/24/decreto-convivencia-autoritario-125084385.html




