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El patriarcado se reinventa

Uno de cada cinco varones adolescentes y jóvenes cree que la violencia de género no existe y que solo es un «invento ideológico». En un estudio reciente a partir de 1.200 entrevistas se constata algo que sufrimos las obreras y obreros de la educación, a saber, quienes entendemos la escuela como espacio ideológico: los contenidos coeducativos producen reactancia entre muchos chicos y esto responde a un rearme patriarcal asociado a la violencia machista persistente en redes sociales, medios de comunicación, partidos políticos de derechas y mantras conservadores repetidos en distintos escenarios, también el educativo. Algunas críticas malintencionadas apuntan a que la negación de la violencia machista responde a esa constante «imposición» feminista en el aula, pues, ciertamente, ni un solo centro educativo prescinde de trabajar un mínimo de contenidos coeducativos hoy. La figura CIC (Coordinadora de Igualdad y Convivencia), las campañas de prevención y sensibilización contra la el terrorismo machista, los talleres y tutorías en igualdad o la visibilidad a la diversidad sexual ya forman parte de la cotidianidad educativa. Con todo, me parece insuficiente y muy desafortunado responsabilizar del auge negacionista a quienes apostamos por una educación feminista, republicana, crítica y comprometida. ¡Ha costado lo suyo! Demos gracias a las maestras antecesoras. 

Criticar la perspectiva de género en el aula supone reivindicar un paradigma pedagógico conservador propio de una escuela que acoge los patriarcados de su sistema. En el aula somos machistas a diario, como machista es la educación, su legislación, los currículos y los claustros; aceptarlo es un principio de humildad que beneficia a docentes, alumnado y familias. Entendemos, en efecto, que construir la igualdad entre hombres y mujeres no es una cuestión de mera voluntad, sino una lucha constante contra los privilegios patriarcales de los hombres, contra un sistema capitalista que nos mata y mercantiliza a las mujeres, contra un sistema educativo formalmente igualitario pero atravesado por la desigualdad real. Hemos avanzado: si buscamos una escuela en igualdad toca educar desde la trinchera y contra el sistema. Esta concepción de la escuela, entendida como barricada de resistencia ante el capital, supone un rearme patriarcal representado en discursos negacionistas. Hijos sanos del patriarcado: chicos de 10 ó 15 años reproduciendo la basura mental digerida en casa, en las redes, en sus manadas particulares. Chicos víctimas de una sociedad patriarcal que los socializa en la violencia, la competitividad, la pornografía y que se matriculan en la universidad sin entender que las mujeres son seres humanos. Luego serán médicos, profesores, abogados y jueces machistas. Un bucle difícil de combatir desde la esfera pública… Excepto en la escuela entendida como campo de batalla. 

El patriarcado se rearma alimentándose de los silencios de tantos docentes. El nuestro, el de los varones. Sin un firme compromiso contra el terrorismo machista difícilmente entenderán nuestros chicos que el feminismo nos interpela  a nosotros, los hombres. ¿Cuántos cursos, días, horas o minutos dedicaste a denunciar la violencia de género? ¿Qué formación feminista cursaste en los últimos cinco años? ¿Cómo te representas ante tu alumnado? ¿A qué dedicas el tiempo libre? Unas sencillas cuestiones que sirven como termómetro coeducativo. Y una última para el debate: ¿debería el Estado y el ministerio de Educación permitir que entren en el aula docentes sin firme y público compromiso feminista? Hemos dicho que todas y todos deberíamos trabajar nuestros propios machismos. Aceptarlo ya es un punto de partida saludable. Pero,  ¿qué ocurre cuando alguien niega su machismo interno? Si no detectas tus propias limitaciones, ¿cómo reconvertir y reconducir las de nuestros chicos víctimas de una sociedad machista? Así no sorprende que tantos chicos nieguen la violencia de género. Se trata de una consecuencia propia de la falta de compromiso de referentes como nosotros, sus docentes. Apunto de manera directa a los hombres. Ese silencio resulta provechoso para el patriarcado. ¡Se reinventa y se nutre de tantos silencios cómplices!

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