Lo fallero es político
Morrissey suspendió su concierto en el Palau de les Arts porque no pudo dormir a causa del ruido de las Fallas, dejándole en un «estado catatónico» que necesita, a su parecer, un año para «recuperarse». Mi abrazo fraterno al amigo Morrissey, quien, algo hiperbólico, refleja perfectamente la violencia fallera institucionalizada en la ciudad de València. Alfons García exigía límites en su columna «La fiesta pide límites y políticos de verdad» (Levante-EMV, 14/3/2026), pues, a su juicio —y me sumo a la crítica— València hoy es un destino peligroso. Esperamos decisiones políticas que nunca llegan: «la urgencia de vivir es la fuerza del olvido más poderosa». El afortunado Alfons García se refugia en las olas; cada cual hace lo que puede. A mí me pilla de gira como a Morrissey y decidí trabajar en localidades libres de fallas. Regresaré a València el 23 de marzo, la fecha en que ya se puede dormir en un hotel a un precio capitalista inalcanzable para mucha gente, aunque, por lo menos, uno ya puede respirar humanidad sin el terrorismo económico que supone pagar 400 euros por una noche de hotel de dos estrellas. Como colofón del disparate, me negaron la cena en varios restaurantes pues un comensal solitario como yo, cual lobo estepario, no renta a un negocio que busca sablear al turista extranjero.
El lema feminista «lo personal es político» viene al caso para denunciar el problema: lo que nos sucede en casa, en el ámbito privado, no es un hecho aislado, sino que está determinado por estructuras de poder, normas y cultura. Las experiencias individuales reflejan cómo funciona la sociedad a gran escala. Nuestras vivencias íntimas están profundamente conectadas con la estructura social; para cambiarlas hace falta una transformación política, el esfuerzo individual nunca será suficiente. Cuando lo personal deja de ser político aparece el sálvese quien pueda. Y aquí, como siempre, pierde la clase trabajadora.
Pienso en el calvario diario de los cercanías. En esa persona que atraviesa el estruendo para llegar a una sesión de quimioterapia o a una cama de hospital. Pienso en los exiliados de una urbe turistificada que los expulsó por el precio del alquiler; gente que hoy aguarda, exhausta, colas de dos horas en la Estación del Norte solo para poder regresar a sus casas. Pienso, además, en esa señora mayor que no puede pasear por la ciudad abarrotada de gente, objetos, calles cortadas, ferias y mercadillos; su rutina diaria interrumpida por la masificación y el divertimento, siempre en nombre de las fiestas y la «tradición». Y esos pobres animales, sufriendo la violencia acústica de los petardos. Todas las vidas humanas y animales vaciadas de contenido existencial en pro del divertimento y el capital económico que suponen las Fallas.
Nadie pronuncia ahora términos como colapso, cambio climático, contaminación ambiental o zona acústicamente saturada… Hay un silencio impuesto por esa violencia fallera e institucionalizada que expulsa de la cordura a quienes denunciamos la degeneración humana de estas fiestas grotescas, ridículas y deshumanizadas. El disenso se paga con el escarnio público. Basta asomarse a mi muro de Facebook para comprobar cómo el insulto masivo es la única respuesta cuando uno se atreve a reivindicar una València libre de esta violencia fallera e institucional
A mí me da igual cómo se pongan. Sigo denunciando, como tantas veces, que esta violencia sufrida se legitima, ordena y patrocina desde las instituciones públicas. Tengo el derecho a señalar una violencia que sufrimos miles y miles de personas durante diecinueve días de marzo, día y noche. Algunos practicamos el autocuidado amoroso. Somos gente privilegiada, sin duda. Otros no pueden decir «no» a las Fallas y las sufren con una ejemplaridad ética encomiable. Dan ganas de quemarlo todo. La magia de la noche de San José logra unirnos a todos/as cuando arden los monumentos falleros, los ninots, y regresa la insoportable normalidad que cada cual digiere como puede. Lo fallero es político. Tomen nota.
https://www.levante-emv.com/opinion/2026/03/18/fallero-politico-128063988.html




