Una huelga indefinida por amor
El próximo 11 de mayo iniciamos, como docentes, una huelga indefinida por amor. Por amor a una profesión que lleva veinte años con el salario estancado; como si el profesorado permaneciera ajeno a un colapso planetario que encarece la vida día tras día. Hemos desarrollado nuestra maravillosa labor con demasiados complejos. El maniqueo argumento de las «muchas vacaciones» del cuerpo docente nos acomplejaba. Hoy, a punto de iniciar una huelga histórica, no solo decimos bien alto que las merecemos, sino que, además, exigimos actualizar una nómina precarizada desde que, quien esto firma, inició su andadura en las aulas allá por septiembre de 2007. Pagar bien es una manera de dignificar una profesión. Nunca pediré que se recorte el sueldo a nadie; ojalá se lo suban a todo aquel que lo considere. Si no lo hacen, ya saben: a la huelga, a las barricadas. ¡Ah! Y pido también más vacaciones para todas y todos, ¡muchas! Porque, si algo nunca haré, será menospreciar la profesión ajena. Así que, miren por dónde, nos hemos sacudido el complejo de reivindicar un sueldo digno.
La huelga indefinida docente surge del puro amor a la dignidad de una profesión maltratada por una derecha destructiva, ruin y clasista. Cuando paseo por los pasillos de 2.º de Bachillerato y observo esas clases hacinadas, con casi 40 adolescentes sudorosos, confinados en el aula como si su bienestar no importara, me pregunto si estas criaturas le importan a la administración. Entiendo que a sus progenitores sí; por ello, desde esta tribuna, les pido que se unan a nuestra lucha. Por amor. La administración se empeña en demostrar lo contrario: puro odio al alumnado. No solo por «envasar al vacío» a estos jóvenes, sino también por manosear con su ideología los temarios y sepultarnos bajo tareas burocráticas que impiden atender de manera individualizada y digna a cada niña y niño. Es un odio que emana de una visión mercantilista de la educación. A fin de cuentas, la escuela pública logra algo que para algunos resulta intolerable: que el hijo del obrero o la hija de la trabajadora doméstica —como quien esto firma— estudie en la universidad. El profesorado ama tanto a la chavalada que trabaja para brindarle las mejores oportunidades de futuro, alejándose de aquellos años oscuros en los que el estudio era patrimonio exclusivo de la clase privilegiada. Es una lección de amor profunda: la precariedad familiar no marca tu destino si la escuela pública resiste.
Amor por la educación —querida Conselleria d’Educació— supone dotar de recursos humanos, materiales, técnicos y digitales a toda la comunidad educativa. Amor es evitar el calor tórrido o el frío gélido en las aulas; amor es no suprimir ciclos de Grado Medio de Igualdad o Informática; amor es respetar a sus trabajadores y trabajadoras, escucharlos y atender sus necesidades. Por amor, detenemos la maquinaria educativa. Si algún alumno/a o alguna familia no lo comprende, la historia se encargará de enseñarles que nuestra lucha es por todas, no solo por el cuerpo docente. Es una batalla política, ética, social y profesional que emana del amor a la labor de enseñar.
Esta huelga abriga también reivindicaciones implícitas, como la de recuperar la Coeducación, aniquilada por una Conselleria que ha deshecho sin contemplaciones el proyecto coeducativo puesto en marcha en su día por la Secretaría Autonómica que dirigía Miquel Soler. Toda la estructura de trabajo realizada —formación CIC, Coeducacentres, Cefires, etc.— se ha dinamitado con grandes dosis de misoginia y nulo amor por una educación libre de violencias contra las mujeres. Haremos historia. Cuando se pierde el miedo, se gana la libertad. Paremos la educación, compañeras y compañeros, por amor propio, por amor a la escuela pública y por amor a nuestro alumnado.
https://www.levante-emv.com/opinion/2026/05/06/huelga-indefinida-amor-129859891.html




