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La lucha por una educación digna: hechos, no palabras

Fue todo un éxito de seguimiento. La jornada de huelga del pasado martes 31 de marzo dejó bien claro que hasta aquí hemos llegado. Después de la concentración en la Conselleria d’Educació —dirigida por esa señora que considera que el profesorado lleva años «de sopitas y al sol»— almorcé con profesoras del IES l’Om de Picassent, uno de los tantos centros de Secundaria masificados y con un seguimiento de la huelga del 73 %. Una suerte de «espíritu de lucha de l’Om» se apoderaba poco a poco de la mesa: la indignación aumentaba entre calamares y pinchos de tortilla.

No se llegó a planear el secuestro de ninguna consellera, aunque la furia de las comensales sugería ideas de lucha muy potentes. Como las sufragistas, nunca usaremos la violencia contra las personas, si bien nuestras antecesoras incluyeron en su plan de acción ataques a infraestructuras, siendo los buzones de correos y los artefactos incendiarios elementos clave de su campaña. Entre 1912 y 1914, las sufragistas británicas sabotearon cientos de buzones para «dar un sustito» al sistema, siempre desde un compromiso con la justicia que hoy reivindicamos. Es la misma senda que, pienso yo, deberíamos seguir los docentes, sin olvidarnos de las luchas educativas en Asturias o Catalunya.

Sorprende la propuesta de negociación de la Conselleria d’Educació por unos plazos demasiado «generosos». Si se apuesta por el diálogo conviene no postergar, pues de ahí a la procrastinación solo queda un paso. Se ha solicitado negociar desde el inicio del curso y, hasta ahora, solo hemos recibido silencio, indiferencia o nepotismo.

Además, exigimos una mejora salarial, sin complejos, y condiciones laborales dignas. Cada una de las exigencias del profesorado repercute directa y radicalmente en la mejora del sistema educativo, del alumnado y de las familias. Convendrán conmigo en que el alumnado no es un rebaño y merece una atención individual, próxima y afectiva. Sin embargo, es difícil lograrlo con aulas en la ESO que rozan la treintena de jóvenes y con un Bachillerato acercándose a la cuarentena. Es complicado cuando quien ejerce la docencia necesita dedicar más horas a la burocracia y al teclado que a las personas. Ya no miramos a los ojos; solo miramos pantallas.

Existe, además, una realidad material asfixiante. Hay profesorado de cuarenta o cincuenta años que alquila habitaciones, como si fuera estudiante universitario, porque el sueldo no da para pagar 1.200 euros por un estudio en la ciudad de València.

Empecé a trabajar en el 2007. En aquel entonces, una jornada completa de profesor de Secundaria bordeaba los 1.800 euros. Hoy, en 2026, apenas supera los 2.000. Son apenas doscientos euros de diferencia en casi dos décadas donde el aumento de los precios marcado por el capitalismo no ha sido proporcional al del salario. Entonces yo vivía alquilado en la playa de Cullera por 400 euros en un apartamento de dos habitaciones con vistas al mar. Hoy, una habitación cuesta más del doble.

Conviene desmontar ese mito estúpido de que el profesorado cobra suficiente. Quien esto firma jamás votaría en contra de quien percibe poco; al contrario, pido también para ellos un salario digno. El sueldo ha sido una forma de desacreditar nuestra labor, como si uno pagara las letras con la «vocación» o como si el servicio público que somos —al igual que un/a médico/a— valiera menos porque así lo decide un sistema que solo pone en valor la producción material.

El profesorado trabaja a diario, sin descanso, por una ciudadanía ética, por un mundo en igualdad, por el bien común, el apoyo mutuo y la paz. Las maestras y maestros se vuelcan en construir infancias felices y futuras personas solidarias. Esta es la cotidianidad de quienes habitamos un aula.

Todo lo demás —burocracia, precariedad, descrédito y maltrato institucional— corre a cuenta de una Administración que pone empeño en dificultar la pasión educativa. Quienes guardan silencio siempre fueron aquellos que aprovechan los logros de quienes ponemos el cuerpo. Como las sufragistas, queremos hechos, no palabras. Por una educación digna.

https://www.levante-emv.com/opinion/2026/04/17/lucha-educacion-digna-hechos-palabras-129171647.html


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