Miguel Brass fue Miguel Brass
La noticia de la muerte de Miguel Brass me llegó en la Feria del Libro de Madrid. No puedo dejar de escribir unas palabras a quien fuera un artista, cantante y poeta respetado y admirado por mí. En la memoria guardo inolvidables momentos junto a él; como buen showman, sabía perfectamente lo que su público esperaba. Brass ha sido un género en sí mismo, inasible en una sola faceta artística: ejercía de entrevistador en televisión, anfitrión de eventos y cantante en el mismo día, desplegando un abanico de pluralidades escénicas.
Podría decirse que Miguel Brass fue Miguel Brass, un fenómeno difícil de comprender fuera de nuestra tierra, pues, como otros valencianos de su estirpe, pertenecía a una generación de supervivientes que lograron convertir su biografía en arte, aunque esto supusiera una lucha diaria e interminable. Era un disidente por sistema: de la música, la ética y la estética. Grabó un disco precioso y nunca quiso repetir la experiencia, apasionado e hiperbólico como lo fue en todo. Prefería recitar poemas de Alberto Cortez y habitar las tablas a su manera. En alguna ocasión me confesó sentirse de vuelta del mundo del espectáculo, aunque esa dualidad era ficticia: jamás separó el escenario de su propia existencia.
Dejó huella allá donde quiso y evitó los lugares donde no le apetecía estar. En 2014 celebró su 60 aniversario en la Sala Ópera y anunció una retirada casi definitiva. Desde entonces, se le vio poco. Sus últimas actuaciones —puntuales, esporádicas, fugaces— se debieron a la perseverancia de Emilio Solo, otro de los supervivientes de la canción melódica en activo. Solo es el autor de una letra que Brass hizo suya hasta la médula: «No, no digas no». En su disco Abre tu ventana (2002) encontramos la versión original; en Resistiré (2013) la grabó con el inequívoco sello Brass, con mayor dramatismo, ritmo y coros. Se convirtió en su sintonía de apertura: «No digas no si en realidad tu corazón se quiere entregar […] tu amor es libre, déjalo volar». En ocasiones subieron juntos al escenario para cantarla a dúo; tan diferentes, caray, pero tan semejantes. Tampoco olvidaré el homenaje a Carmen Flores en València, en El Toro y La Luna, donde Miguel interpretó, como nadie, su versión descarnada de «Quiero amanecer con alguien», arrancando las lágrimas del público y de la propia homenajeada.
«Cuando un amigo se va queda un espacio vacío que no lo puede llenar la llegada de otro amigo», entonaba Alberto Cortez en la voz de Brass. El vacío nunca es igual para todos. Todo artista necesita a su lado a quien lo ancle a la realidad; para esa persona, la ausencia no es un vacío, es un abismo. Gran parte del éxito de Miguel se lo debemos a Fede Cortés Pardos, compañero y hermano siempre pendiente de los detalles, que lograba que el artista luciera como pocos. En los últimos años, Camino formó parte de su vida personal, ya serena y alejada de los focos. Nos ha dejado a los 73 años Miguel Brass. Seguirá en nosotros a través de sus canciones y de un legado absolutamente irrepetible.
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