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Yo no me visto por los pies
Entiendo la vida personal como un proceso ontológico multicausal conformado por experiencias, ideas, azares y una red social compleja —familia, amistades, compañeros/as de trabajo, vecindario—. Poco se considera, en cambio, el peso de las palabras, refranes o frases en la configuración de nuestra biografía. Usted podría morir de asfixia atragantándose con el hueso de una aceituna. La ventaja, digámoslo así, es que contamos con un léxico clínico minuciosamente categorizado que explica con detalle su ahogo mortal: disnea —falta de aire—, cianosis —coloración azulada o violácea— e isquemia cerebral —falta de riego sanguíneo en el tejido cerebral—. Parece una suerte morir y conocer los conceptos precisos que explican su deceso. Sin…
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Se murió cuando pudo
El caso de nuestra mujer merece un estudio científico. La señora cuidaba de varios hijos enfermos y de un marido impedido a la vez que trabajaba a destajo para mantener a toda la familia. Su jornada laboral y de cuidados era interminable de lunes a domingo. Atrapada en el bucle de una biografía longeva, monótona y previsible, como si la precariedad se hubiera ensañado con ella, la susodicha descansó en paz un par de días después de enterrar al último miembro de su hogar. Contaba con 93 años y en el libro de su existencia palabras como vacaciones, descanso o aburrimiento eran una absoluta quimera. De cuerpo presente, en el…
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Soy una anomalía, menos en Madrid
Soy una anomalía, una suerte de superviviente social. Contra todo pronóstico, he alcanzado cierto reconocimiento; un hito improbable para alguien que antepone la soledad a la multitud, que recela de la educación a pesar de ser su trinchera diaria, y que reivindica el no hacer frente al mandato productivo, aun siendo capaz de encadenar jornadas laborales de doce horas. La ventaja de significarse como anómalo es que lleva aparejada una carga de contradicciones que resultan mucho más llevaderas cuando tu esencia reposa sobre el delirio y el absurdo. A un individuo de esta naturaleza nadie le exige explicaciones ni principios inquebrantables; simplemente se le concede el privilegio de habitar la…
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Falsos hijos
Soy un falso sociólogo —sin titulación, quiere decirse—, aunque cuente con estudios propios de trabajo de campo en la cafetería. Tres señoras de unos setenta años, sentadas junto a mí en la plaza donde suelo desayunar, despotrican crudamente de sus hijos varones. Por los detalles que van desgranando entre sorbos, calculo que los tres rebasan holgadamente la cuarentena, esa edad en la que la madurez debería ser algo más que una presunción biológica. Mis ensayos no publicados demuestran que, en algunos hijos, la adolescencia abarca desde los 14 a los 46 años. La primera de ellas lamenta que el suyo solo la llame cuando necesita algo. «Estoy gilipollas», se fustiga…
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La mili, un trauma
Como las canciones olvidadas y los traumas ocultos, la obligatoriedad del servicio militar ha despertado en mí viejos fantasmas. En España la mili se suspendió en 2001. Quien esto firma solicitó una prórroga por estudios. Recuerdo perfectamente esas cartas del Ministerio del Interior con la documentación adjunta. Su envío certificado sumaba un plus de susto al pedirte tu firma el cartero y saber, angustiado, que te reclamaba el ejército. Un par de veces recibí esa misiva y, hasta hoy, nunca más se ha dirigido a mí aquel ministerio; si bien conocí a Grande-Marlaska y no me temblaron las piernas. Quizá el requerimiento de las Fuerzas Armadas impusiera más que la…













