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    Meditaciones bajo la sombrilla

    Veraneo por inercia en la playa de Cullera, un espacio por el que no siento el menor apego turístico. Puesto que el verano relaja la gravedad de las cosas, confesaré que me dejo arrastrar por mi amiga Karmele Marchante, quien, como buena tortosina afincada en Madrid, goza de la terraza del apartamento y la contemplación del horizonte azul. Ocurre una paradoja: mientras a ella la inspira el mar, a mí me estimula el hormiguero humano. Desde una cama balinesa diviso miles de figuras minúsculas apretadas, codo con codo, disputándose la primera línea de playa. Tengo el proyecto de redactar un tratado de periodismo filosófico estival; estoy convencido de que en…