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Un mundo precario
El mundo se desmorona por los flancos previstos y por los imprevistos. Caen los sistemas informáticos, las vías del tren, las certezas materiales y, por inercia, se desploman el ánimo, el entusiasmo y la paciencia. Si la cotización bursátil dependiera del dolor acumulado, la palabra «precariedad» rompería todos los techos de la bolsa. Docentes, sanitarios, maquinistas y, en general, cualquier prójimo —incluso usted, que lee esto con el café tibio— arrastran la convicción de que su biografía ha sido atravesada por el precariado, esa condición moral y física que desarticula la existencia hasta dejarla en el chasis. Las huelgas intentan ponerle una pancarta a la intemperie, pero el malestar es…


